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Cuba y los carnavales de La Habana. Bandera de Cuba.

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“Cuba y los carnavales de La Habana”
en “Así es Cuba
en Cosas de mi Tierra

Cuba y los carnavales de La Habana

Ensayo en el ejemplar que tenemos de “Así es Cuba” por Alberto Boix Comas. Aparentemente editado a principios de la década de 1950.


“Cuba y los carnavales de La Habana”

“Cuba tierra de la más criolla alegría, se esfuerza en destacarla, de manera especial y por encima de todos sus problemas "desde que el calendario señala la proximidad de las Carnestolendas, ya que ha llegado el momento para La Habana, a todo lo largo del racimo de semanas que dura su Carnaval, de archivar-según expresiones de Renato Villaverde -las penas, las preocupaciones y los desengaños en el armario del Olvido". Siendo los días que se suceden entre máscaras y desvaríos, como lámpara votiva que año tras año se enciende frente a los altares en que se rinde culto al dios Momo, quintaesencia de cuanto nos legara el mundo pagano.


“Naturales y extranjeros, plebeyos y magnates, sabios e ignorantes, todos cuantos vienen a formar parte de la masa inmensa del conglomerado humano, todos vibran al unísono en estos días, mientras transcurren alegres, ligeras y embriagantes las horas sabatinas y domingueras, cuando al caer de las tardes se satura el ambiente citadino de ese algo indescriptible e indescifrable, subyugante y exclusivo que da a La Habana matizaciones tan únicas y exclusivas que la hacen inolvidable a cuantos en su ambiente han tenido la suerte y la dicha de verse engolfados.


“Hay que ver a la Capital de la República de Cuba en las horas aquellas en que se inicia el paseo del carnaval llamativo. Por doquier profusión de luces, cascadas de risas y montañas de flores, mientras toneladas de confettis y de serpentinas producen una verdadera inundación en plazas y parques, avenidas y calles, destacándose entre el conjunto las mujeres, muchas mujeres, muy lindas, muy bellas, esbeltas y hermosas que, con su exquisita elegancia, su mirada ardiente y subyugadora y su incitación al beso con sus labios de grana, obligan al hombre que las contempla a musitar, cual si fuera una plegaria, aquella estrofa de Gustavo Sánchez Galarraga:


"No en vano es tu color moreno,
como el humo de abrasado cinamomo.
¡Oh, milagro de encanto y embeleso,
quien no besó tu boca, no ha sabido
cómo el amor puede beber fundido
lo infinito de Dios en sólo un beso!"...


“A lo largo de las calles, de los parques y de las plazas se levantan magníficas graderías que se atestan de curiosos, y en las aceras y contenes millares de sillas integran la base de lo que luego se convierte en humana muralla, mientras que ventanas y balcones, terrazas y azoteas presentan una nota de policromía, a medida que en los mismos se destacan los colores de muy subido tono que las telas femeninas convertidas en vistosos vestidos que la moda impone, se transforman en adecuado marco de los más bellos rostros de mujer y que al conjuro de sus escondidos encantos, a su vera congregan a sumisos galanes que, por no ser menos, lucen pendientes de sus cuellos las corbatas llamativas que el vanguardismo impone, a pesar de la estridencia de sus tonos, de sus dibujos y de su gusto estrafalario... y, cuando llega la hora señalada, comienza el desfile en que se confunden y mezclan los más elegantes y modernos "colas de pato", con los quitrines y volantas, trasunto de tiempos ya idos, entre los que busca juego también el coche destartalado, por triste jamelgo tirado, flaco y hambriento, que contrasta tanto con los briosos corceles de pura sangre que montan jinetes arrogantes y jóvenes que reflejan en sus rostros el orgullo de ser ellos el cortejo de linda amazona que con femenino donaire, sonriente y muy bella, cual sol se destaca cuando junto a ella se encuentra la máscara fea y grosera que, en unión de las otras va formando infernal algarabía que se suma a la de las "comparsas" que llevan por nombres "Los Príncipes Rajahs", "Las Fruteras" o "Los Mexicanos", por no citar más que algunas.


“¡Las Comparsas!... son ellas motivo de competencia entre los Barrios Capitalinos ya que en cada una de ellas se pone a contribución toda la sal y donaire, toda la inspiración criolla, para que sus integrantes conquisten aplausos y sean citados en la orden del día como los mejores del desfile, y para ellos son trajes llamativos, faroles extravagantes, exóticos instrumentos de música, destacándose, entre muchos, por su ritmo extraño y llamativo los inmensos y simbólicos "bongoes", a cuyo mágico influjo y al compás de sus estridencias se desenroscan los serpentinos movimientos de las "congas" que pasan, entre vértigos y gritos y todo aquel conjunto abigarrado y heterogéneo pone de relieve la nota descollante que matiza las horas alegres de inconsciencia y de lujuria de los carnavales de La Habana.


“Este es a grandes rasgos el famoso Carnaval Habanero que tanto invita y atrae a propios y a extraños y que hace gustar las delicias que la vida encierra en sus mes recónditos arcanos.


“Cada jornada carnavalesca se esfuma siempre entre bailes de subido tono, lucidos y animados, de versallescos motivos o de rústicos encantos, pero siempre incitadores, bullangueros y entusiastas que se celebran en regios salones, en clubes o en los íntimos hogares hasta que el sueño rinde en el más profundo letargo a las lindas parejas, mientras que venciendo la noche, de entre sus densidades, rasgándolas salen los primeros rayos del sol mañanero que anunciando van la presencia de una nueva alborada.”




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Última Revisión: 1 de Julio del 2006
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